martes, 13 de mayo de 2014

La UNSAAC debe transformarse en una Universidad del Siglo XXI

   Publicado en Revista SAYARI  Nro. 2                                                                  
                                                                                                                 Pável H. Valer Bellota
Foto: "Facultad de Derecho" Avener Prado 
En 1692 la Universidad del Cusco fue concebida como una institución para la dominación. Su estructura y sus contenidos fueron diseñados para que sirvieran al proceso de destrucción de los modelos sociales tawantinsuyanos. Estuvo centrada en la enseñanza de la teología y el derecho (que eran la ciencia política de entonces), y en la medicina (para el sometimiento de la naturaleza). Era una institución oscura, ocupada del adoctrinamiento de la élite en las mejores formas de implementar y administrar el modelo colonial.
Después de la implantación de la República (1821) la universidad permaneció por mucho tiempo anclada en el pasado. Era una institución que albergaba a las ideas y a muchos adeptos de las condiciones coloniales de opresión.
Aquel modelo fue criticado y estremecido a partir de la Reforma Universitaria de 1909. Una huelga de los estudiantes cusqueños consiguió que la universidad deslinde con las condiciones coloniales y se libre del imperio de docentes conservadores. El movimiento reformista desplegó planteamientos novísimos como la representación estudiantil en el gobierno universitario y el ingreso a la función docente por concurso de méritos.
Con su impulso, la universidad se colocó en los primeros lugares en innovación ideológica y producción científica. Las ideas surgidas a partir de 1909 en la UNSAAC –imaginadas por la “generación de La Sierra”– se hicieron dominantes en el debate peruano. La “escuela cusqueña” propuso con éxito la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, el anti centralismo, el regionalismo político y económico. La universidad enfocó su mirada hacia la realidad del entorno y se vinculó con movimientos y organizaciones populares que propugnaban nuevos paradigmas.
La Reforma Universitaria del Cusco proyectó su influencia de manera decreciente hasta mediados de 1970. Durante casi cincuenta años la UNSAAC engendró ideas, produjo investigaciones y construcciones teóricas originarias con gran resonancia. Pero ese ímpetu vigoroso se fue disipando y apagando paulatinamente.
A mediados de los años 70 la UNSAAC fue envuelta en un torbellino de contiendas ideológicas y políticas. La dictadura militar quería que la universidad sirviera completamente a sus intereses, a la vez que recortaba su financiamiento. Estas intenciones no democráticas fueron motivo de oposición de estudiantes, profesores y trabajadores administrativos que se organizaron en grupos de una variada gama de izquierdas. En esta pugna “ganaron” en la práctica las posturas –compartidas por ambos bandos en disputa– que señalaban que la universidad debía servir únicamente a proyectos particulares de cambio político y económico, y que las labores de educación, investigación -y acaso la escasa producción científica subsistente- debían subordinarse a este objetivo. La universidad fue reducida a un mero instrumento político cuyo resultado fue la disminución de su actividad investigadora y su calidad académica.
Monumento a lo arcaico en la Facultad de Agronomía y
 Zootecnia de la UNSAAC. Foto: Kuntur Apuchin
La restructuración neoliberal de los años 90 propició un modelo de “universidad-empresa”. El conocimiento fue reemplazado por la actividad sencillamente crematística, subordinada a los intereses del mercado, por el llamado “saber capitalizable”, para el que interesa la actividad académica sólo si da rédito económico inmediato.
La carencia de un proyecto universitario coherente fue agravada por la huida de la Política de los claustros. Al periodo de alta politización y radicalización de los años 70-80 le siguió un tiempo en el que surgieron en la UNSAAC nuevos grupos de poder que, abjurando de las ideologías modernas, sin un programa ni una visión clara y sin más interés que su propio beneficio, abandonaron los proyectos de una universidad pública y ahora, a lo más, siguen imitando de muy mala manera los ejemplos de gestión de la “universidad-empresa”. Se hicieron comunes la baja calidad académica, la inoperancia administrativa, la inestabilidad institucional y la pérdida de contacto con la sociedad, debido a la pugna en su interior de intereses mezquinosHoy, el resultado de ese cóctel dañino es una universidad sin rumbo ni proyecto, que camina por inercia.
De manera paradójica, esta institución a la deriva ha sido sorprendida en los últimos años por un auge en el financiamiento: las regalías, el canon minero y del gas proporcionan a la universidad gigantescos importes -inimaginables hace pocos años- que deberían ser invertidos en investigación. Desdichadamente, esta coyuntura histórica está siendo desperdiciada y la UNSAAC tiene serias dificultades en la inversión, con visión a futuro, de esos presupuestos.
Tradicionalmente, uno de los pilares de la crisis de la universidad fue la falta de fondos, la carestía de dinero para la investigación. Actualmente, este escollo parece no existir más. El estancamiento ya no es causado principalmente por la escasez de recursos económicos, sino es ocasionado por la inexistencia de un modelo de gestión efectiva, participativa y democrática, y por la insuficiencia de planes que favorezcan la calidad en las funciones de la universidad. No se invierte en capital intelectual.
Hacen falta ideas sobre qué debemos hacer con la universidad, nos faltan maestros y estudiantes que sean capaces de escribir, investigar, pensar e imaginar. La crisis universitaria es ahora una crisis de paradigmas. La UNSAAC debe vencer la decadencia, hallarse a sí misma, debe encontrarse con su historia y re-inventar su arquetipo para convertirse en una Universidad del Siglo XXI.



1 comentario:

caled benjamin nuñez huaman dijo...

todos sienten la necesidad de un cambio en el sistema educativo universitario.

La Universidad es la institución más importante de la humanidad, ya que su papel principal es garantizar el desarrollo de la sociedad y además forma personas racionales calificadas para el desarrollo económico, social, político, educativo, cultural y ético de cada nación. Entonces creo que se debe seguir este criterio de racionalidad, para darnos cuenta que el cambio debe ser progresivo y no politizado; de esta manera evitar dejarnos caer en el eventual populismo que nos arrastra a la violencia, descontrol de la población y la lucha entre nosotros mismos ( policía vs estudiantes).
Enfrentemos el cambio del siglo XXI como personas del siglo XXI.