martes, 26 de marzo de 2013

UNSAAC, 321 años. La Reforma Universitaria de 1909, aciertos y crisis actual

Zaguán del Paraninfo Universitario UNSAAC
Foto: Marcelo Ois Lagarde.
Nacida como una oscura institución que adoctrinaba en la fe, las ideas y la metodología del colonialismo y la destrucción de nuestras sociedades originarias, la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, desde hace 321 años, ha transcurrido su historia formando habitualmente intelectuales que servían para preservar el sometimiento de nuestras sociedades, pero también, de manera paulatina y cada vez más cuantiosa, pensadores críticos que la encumbraron a las alturas de la creación de imaginarios emancipadores y libertarios.
La universidad peruana ha sido casi siempre una universidad en crisis. Después de la implantación de la república (1821), la universidad permaneció por mucho tiempo anclada en el pasado y se constituyó en una institución que albergaba en su seno a las ideas y a los dómines adeptos de las condiciones coloniales de opresión.
Aquel arquetipo de universidad neocolonial fue fuertemente criticado y sacudido a partir de los movimientos reformistas de 1909 en Cusco. Ese año se decretó la primera huelga estudiantil que no cesó hasta conseguir que la universidad cusqueña deslinde con las persistentes condiciones coloniales y se vea libre del imperio de docentes conservadores. El movimiento de los estudiantes cusqueños dio inicio a la Reforma Universitaria que desplegó planteamientos novedosísimos como la representación estudiantil en el gobierno universitario.
En los años posteriores, en el Cusco, los vientos frescos que trajo la reforma universitaria dieron lugar a una institución de educación superior que se colocó en los primeros lugares en innovación ideológica y producción científica. No es exagerado decir que las ideas surgidas a partir de 1909 en la UNSAAC –producidas por la llamada “generación de La Sierra”– se hicieron dominantes en el debate peruano sobre democracia, la descentralización y los nuevos fundamentos culturales autóctonos de la “nación”. Los intelectuales surgidos de la reforma de 1909, integrantes de la “escuela cusqueña”, propusieron con éxito ideas revolucionarias –con amplia resonancia en todo el Perú–sobre la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, el anti centralismo, el regionalismo político y económico. La universidad cusqueña empezó a mirar y estudiar la realidad regional y peruana tal cual era.
La reforma universitaria de 1909 implicó también una nueva proyección social que vinculó a la UNSAAC con los movimientos sociales y las organizaciones de la sociedad civil que propugnaban nuevos derechos y paradigmas. De esto pueden dar cuenta algunos hechos históricos importantes: en 1920 se fundó en Cusco la Federación Universitaria del Perú (FEP), posteriormente también tuvo su origen en la UNSAAC la  Federación Nacional de Docentes Universitarios del Perú (FENDUP).  Estudiantes como Erasmo Delgado Vivanco, fundador de las banderas del anarquismo revolucionario en los Andes, fueron los primeros que reivindicaron la obra del inca Garcilaso de la Vega Chimpuoqllo en la década del 20 al 30, luego de que sus obras fueran prohibidas después de la insurrección de Túpac Amaru en 1780.
El proceso reformista abierto en Cusco en 1909 se vio fortalecido por el Manifiesto de Córdova (Argentina, 1919) que impulsó más a los universitarios a fortalecer la transformación y a plantear proyectos contra-hegemónicos que criticaron crecientemente al Estado y la sociedad oligárquica. La reforma y la modernización universitaria hicieron posible que en el claustro se formaran grupos críticos de las condiciones neocoloniales de atraso social, que no tuvieron fácil el desempeño de sus actividades debido a que fueron el blanco de las reacciones antidemocráticas del poder político central.
Por ejemplo, la defensa de los principios democráticos y de la autonomía amparada por la Reforma Universitaria de docentes universitarios como Carlos Nuñez Anavitarte, Ferdinand Cuadros Villena, Carlos Liborio Valer Portocarrero, Afredo Yepez Miranda – quienes protestaron contra la dictadura autoritaria del presidente Manuel A. Odría (1948-56) – fue contestada violentamente por el Estado: los profesores universitarios fueron perseguidos, privados del ejercicio de sus cátedras, y muchos de ellos recluidos por motivos políticos en cárceles como el “Cepa”, entre las décadas del 40-60.
En términos generales, el proceso cusqueño de Reforma Universitaria, proyectó su influencia de manera decreciente hasta mediados de 1970.  Durante este lapso de casi cincuenta años la UNSAAC formó y albergó a un grupo importante de intelectuales que produjeron ideas,  investigaciones y construcciones teóricas originarias con resonancia en todo el ámbito peruano, que lamentablemente se fueron disipando paulatinamente.
El grado de producción intelectual, el número y calidad de la investigación universitaria fue descendiendo a partir de mediados de los años 70. A partir de entonces, la UNSAAC fue envuelta en el torbellino de los debates ideológicos y las pugnas políticas de aquel momento. Las dictaduras políticas que se sucedieron en el poder dispusieron que la universidad sirva completamente a sus intereses, a su vez que disminuían el financiamiento para el desempeño normal de las actividades universitarias. Estas intenciones no democráticas fueron motivo de oposición de los estudiantes y los docentes que se organizaron en grupos políticos de una variada gama de izquierdas. En esta pugna “ganaron” en la práctica las posturas –compartidas por ambos bandos en disputa– que indicaban que la universidad debía servir únicamente a proyectos particulares de cambio político y económico, y que las labores de educación, investigación y acaso la escasa producción científica universitaria debían subordinarse a este objetivo último. La universidad fue reducida, teórica y pragmáticamente, a un mero y exclusivo instrumento político cuyo resultado fue la disminución de su actividad investigadora y su calidad académica.
Este panorama se agudizó en medio de la violencia política de los años 80-90 y de la crisis económica que recortó crudamente el presupuesto para las universidades. Cuando se inició el conflicto armado interno en el país en 1980, el sistema de universidades públicas se encontraba en un proceso de grave crisis económica y académica. La Comisión de la Verdad y Reconciliación subraya en este periodo la existencia en las universidades peruanas de una tendencia a la radicalización ideológica y la confrontación practicada por diversos sectores universitarios (estudiantes, docentes, trabajadores), la burocratización y el corporativismo gremial. Las universidades estatales se convirtieron en espacios altamente precarios y politizados, propicios para el clientelismo y la violencia, en desmedro de su desarrollo y capacidad de generar proyectos democráticos. Parte de la respuesta del Estado a la violencia política fue la militarización de la vida universitaria, al convertir a la universidad en objetivo de la lucha contrasubversiva.[1]
Las reformas neoliberales de los años 90 dieron lugar al modelo de la “universidad empresa”, del cual buena parte de la universidad peruana, entre ella la UNSAAC no logra aun sacudirse.




[1] COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN; Informe Final, CVR Lima, 2003. 

FOTO:  Marcelo Ois Lagarde.  Interior del vestidor del Paraninfo Universitario de la UNSAAC. Web del autor en Panoriamio. [Marzo, 2013]